La historia de los judíos belgas es similar a la de sus correligionarios de Europa occidental, con migraciones y cambios en la estructura de las antiguas comunidades que los llevaron a adoptar otras tradiciones.

Los judíos se establecieron en territorio belga en el siglo XIII: en Arlon, Bruselas, Hasselt, Jodoigne, Leau, Lovaina, Malinas, Sint-Truiden y Tirlemont. De hecho, en esta última ciudad se ha encontrado una lápida judía de 1255. Lleva un texto en hebreo que menciona el nombre de Rebeca. Actualmente se encuentra expuesta en el Museo Real de Arte e Historia del Cinquantenaire.
Entre 1348 y 1350, la peste negra asoló Occidente. Los judíos, acusados de haber envenenado las fuentes, fueron perseguidos.
En el siglo XVI se inicia una nueva era. Llegan a Amberes marranos portugueses y españoles. Estos contribuyen en gran medida al auge de la ciudad gracias a sus contactos. Carlos V ordena en varias ocasiones la expulsión de los «nuevos cristianos», no sin encontrar la oposición de la ciudad.

Ya en el siglo XVIII, los judíos se dedicaban a un tipo de actividades económicas muy diferentes de las de sus hermanos de Europa del Este. Se pusieron al servicio de la realeza, se lanzaron al comercio y contribuyeron así en gran medida al desarrollo económico.
En 1808, los cerca de 800 judíos belgas se integraron en el Consistorio Israelita de Krefeld, reconocido por el Estado francés. En 1831, tras largas negociaciones con el nuevo Parlamento, se creó un consistorio israelita independiente en Bruselas, la capital del país, que acogía a una creciente población migrante procedente de Europa del Este.
En 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, los judíos de Amberes buscaron refugio en los Países Bajos vecinos, que se mantuvieron neutrales hasta la firma del armisticio en 1918, y se concentraron en Ámsterdam, La Haya y Scheveningen.
En 1939, una parte de la población judía de Amberes huyó a Cuba, que autorizó la llegada de refugiados judíos de esa ciudad para que desarrollaran allí la industria del diamante. Algunos regresaron más tarde, otros se trasladaron a Estados Unidos.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, se calcula que la población judía residente en Bélgica ascendía a cerca de 80 000 personas. Desde el cuartel Dossin de Malinas, 25 490 judíos y 353 romaníes fueron deportados a Auschwitz entre 1942 y 1944. Solo poco más de un millar regresaron.
Hoy en día, unos 40 000 judíos viven principalmente en Bruselas y Amberes. Sus posturas políticas y religiosas varían según la zona geográfica, al igual que las actividades profesionales por las que se les conoce.
Amberes cuenta con una comunidad más religiosa, en la que conviven lugares de referencia ortodoxos, tradicionalistas y culturales. Desde principios del siglo XX hasta principios del XXI, los judíos constituyeron allí una gran parte de los trabajadores de la industria del diamante.
Mientras que Bruselas cuenta con una comunidad judía en gran parte laica y algunos tradicionalistas, en otras ciudades como Lieja, Charleroi, Gante y Ostende se puede descubrir una historia judía muy interesante.