La presencia judía en Chipre se remonta probablemente al siglo III a. C., durante la conquista romana de la isla.

Parece que en aquella época había al menos tres sinagogas en Chipre: en las localidades de Lapethos, Golgoi y Constantia-Galamine. Los judíos participaron en la revuelta contra Roma liderada por Artemion en el año 117 y fueron expulsados de la isla por los romanos a modo de castigo.
Con el tiempo, los judíos volvieron a establecerse allí, tal y como atestiguó el gran viajero Benjamin de Tudela en el siglo XII. Esta estabilización de la presencia judía se prolongó hasta el advenimiento del Imperio otomano.

A partir de finales del siglo XIX, tras la conquista británica y el renacimiento del sionismo, decenas de familias judías se instalaron en la isla. Algunas de ellas con la esperanza de poder llegar a Palestina, que por entonces se encontraba bajo mandato británico, pero cuyo acceso estaba restringido. En 1901, la isla contaba con 120 judíos, la mayoría de los cuales vivían en Nicosia.
A raíz del auge del nazismo en Alemania, cientos de judíos encontraron refugio en Chipre. Al final de la guerra, Inglaterra utilizó la isla como campo de internamiento para más de 53 000 judíos que deseaban llegar a Israel.
Las condiciones de vida eran muy duras, aunque se aliviaron un poco gracias a la ayuda de organizaciones internacionales como el JDC y a la colaboración de miles de valientes chipriotas. Gran parte de los prisioneros tuvieron que esperar allí hasta la independencia de Israel en 1948.
En 1951, solo vivían 165 judíos en Chipre, una cifra que se redujo a 25 en 1970.

En 2005, la Casa Jabad abrió sus puertas en Lárnaca, el primer lugar de culto judío oficial en siglos. En aquel momento, vivían en Chipre unos cientos de judíos. Arieh Zeev Raskin se convirtió en su primer rabino.
Además de la Casa Jabad de Lárnaca, hay otros cuatro lugares similares en la isla. En Nicosia , en Pafos , en Limassol y en Ayia Napa .
En 2020, esta cifra ronda los 3500. Sin contar el turismo de israelíes, en constante aumento desde hace unos veinte años, ya que ambos países mantienen fuertes vínculos económicos, culturales y de seguridad. El país acoge también numerosas bodas civiles de israelíes, pero también de libaneses, que no desean depender de las autoridades religiosas de sus respectivos países.
Actualmente se está construyendo un museo judío en Lárnaca con el fin de mostrar la contribución de la cultura judía a la isla, así como los valientes actos de los chipriotas durante la guerra para ayudar a los refugiados. También se expondrán allí rollos de la Torá que datan del siglo XIX.