La Isla de la Belleza, la Isla de los Justos

Algunos historiadores afirman que la presencia judía en Córcega se remonta a la época romana, tras la destrucción del Templo de Jerusalén y la expulsión forzosa de gran parte de sus habitantes por parte del ocupante romano.
A principios del siglo IX, unos judíos procedentes de Egipto se establecieron en el sur de Córcega, cerca del pueblo de Levie. A raíz de la Inquisición, muchos judíos de la Península Ibérica, y más tarde también los marranos, que temían por sus vidas, partieron para instalarse en distintos lugares del Mediterráneo. Algunos de ellos decidieron venir a Córcega.
Dado que las persecuciones religiosas continuaban en Italia, los judíos italianos emigraron a su vez a Córcega a principios del siglo XVI, probablemente entre los años 1500 y 1530, principalmente al centro de la isla, en las regiones montañosas. Lo mismo ocurrió entre 1750 y 1769, durante el dominio genovés, cuando varios miles de judíos encontraron refugio allí.
En Corte, Pascal Paoli proclamó en 1755 la independencia de la República de Córcega, ciudad símbolo de su patriotismo. Pero también de su inspiración en la Ilustración, ya que Paoli fundó allí una universidad. En 1760, escribe a Domenicu Rivarola, cónsul de Piamonte, mencionando su voluntad de otorgar los mismos derechos a los judíos. Declara: «Los judíos tienen los mismos derechos que los corsos, ya que comparten el mismo destino».
Durante su República, Paoli hizo venir a la isla de Rousse a miles de judíos del norte de Italia y de España, garantizándoles la igualdad de derechos, con la esperanza de que contribuyeran al desarrollo económico de la isla, tal y como lo habían hecho en la ciudad de Livorno, donde gozaban de protección, no estaban confinados en un gueto y desarrollaban el comercio marítimo.

Durante la Primera Guerra Mundial, se instalaron allí migrantes judíos procedentes de Siria y del Líbano, que por entonces se encontraban bajo mandato francés; en aquella época sumaban cerca de un millar de personas, incluyendo a los judíos de Bastia que ya llevaban mucho tiempo allí.
Pero el vínculo entre los judíos y la Isla de la Belleza queda marcado sobre todo por el valor del pueblo corso. Desde los numerosos aldeanos que escondieron a judíos y a representantes del Estado, hasta el prefecto de Córcega, Paul Louis Emmanuel Balley. Este se negó a deportarlos y, gracias a sus contactos, consiguió pasaportes turcos para entregárselos a los judíos. Así, Córcega fue el único departamento que no deportó a ningún judío durante el Holocausto e incluso acogió a quienes huían de los departamentos donde se sentían amenazados.
El documental «¿Córcega, isla de los Justos?» (2013), de André y Clémentine Campana, permitió al gran público conocer mejor el gran valor del pueblo corso. El cómic «La isla de los Justos, Córcega, verano de 1942», escrito por Stéphane Piatzszek con la colaboración del dibujante Espé, cuenta la historia de una mujer judía que intenta salvar a su hijo escondiéndolo en la isla gracias a la ayuda de los habitantes.