
La ciudad de Vila Real, situada al norte de Portugal, es conocida por su arquitectura antigua, en la que se mezclan influencias que se remontan al Paleolítico. Se convirtió en un importante centro del judaísmo clandestino tras la Inquisición portuguesa y lo siguió siendo a lo largo de los siglos. Esta estabilidad se debió, en particular, a la actividad vitivinícola, al margen de las presiones políticas y religiosas, ya que la ciudad suministraba las uvas para la elaboración de los vinos de Oporto.
Esta longevidad, muy poco común en la región, facilitó el renacimiento de la comunidad judía tras su descubrimiento por Barros Basto en 1928. En 1930 se constituyó oficialmente una congregación, dirigida por Eugenio Cardoso.
Fuentes: Encyclopaedia Judaica