
Esta ciudad quedó dividida entre Italia y Eslovenia tras la Segunda Guerra Mundial. De hecho, es en la parte italiana (Gorizia) donde hay que buscar los principales vestigios de la presencia judía en el pasado. Sin embargo, en la parte eslovena hay un cementerio judío que data del siglo XIV. Con una superficie de media hectárea, alberga cerca de 900 tumbas, de las cuales las más antiguas, aún legibles, datan del siglo XVII, y las más recientes, de la última guerra mundial. Allí se encuentra la tumba del filósofo y pintor Alberto Michelstädter, fallecido en 1929. El cementerio no cuenta con un guardián, aunque al parecer se mantiene en buen estado gracias a los cuidados de la comunidad judía italiana.
El cementerio se encuentra en el barrio de Rozna Dolina (el «valle de las rosas»), a unos cientos de metros del principal paso fronterizo. El acceso es libre, ya que la verja no está cerrada.
En 1648 se creó un gueto en la ciudad. En 1777, la ciudad acogió además a numerosos judíos expulsados de Venecia y procedentes de los pequeños pueblos de los alrededores, que, en realidad, no contaban con un gueto definido y delimitado. La comunidad judía creció así hasta alcanzar los 270 miembros en 1788.
La mayoría de los yacimientos que dan testimonio de la presencia judía de aquella época se encuentran hoy en día en territorio italiano.