Las comunidades del sur de la península eran, en la Edad Media, las más prósperas de Italia, las más ricas y las mejor integradas, especialmente en Sicilia, donde vivían más de 37 000 judíos —tantos como en la Italia actual—, muchos de ellos en Palermo. Este mundo, que vivía en territorios sometidos a la corona de España, fue barrido en pocos años tras el edicto de expulsión de 1492.

No queda ningún rastro de ello, salvo en la toponimia de algunas ciudades, entre ellas Trapani, en Sicilia, con su Via Giudecca, en el barrio de San Pietro, y en unos pocos monumentos.