Hasköy, el otro barrio judío de Estambul, situado en la orilla norte del Cuerno de Oro, estaba algo más poblado que Balat y acogía a la élite de la comunidad en los siglos XVI y XVII, en el apogeo del Imperio otomano. Allí vivía Moshe Hamon, un prestigioso físico procedente de Granada que fue consejero del sultán Mehmet II el Conquistador.

En este barrio se instalaron también las primeras imprentas judías, así como las instituciones educativas y culturales más prestigiosas, entre ellas la otrora famosa «Gvira Yeshiva», fundada por Joseph Nasi en el siglo XVI. «Hay más de mil casas rodeadas de jardines en Hasköy, que es un lugar hermoso con aire puro», contaba Evliya Çelebi, famoso viajero y cronista otomano del siglo XVII, quien estimaba en 17 000 personas la comunidad judía —en aquella época, la abrumadora mayoría de la población del barrio—. Posteriormente, el barrio entró en una fase de decadencia, pero la tradición se mantuvo. En el siglo pasado, Abraham de Camondo fundó allí, en 1858, el instituto que lleva su nombre, la primera escuela judía de la capital en impartir enseñanza según los criterios occidentales. En este mismo barrio se inauguró, en 1899, el gran edificio escolar de la Alianza Israelita Universal, que en 1955 se convirtió en la sede del seminario rabínico, trasladado posteriormente a Galata. Hoy alberga el principal hospicio judío para personas mayores de Estambul (Köy Mektep sokak). Las transformaciones urbanísticas, la construcción de nuevos edificios y las grandes vías de comunicación han devastado este barrio aún más que Balat. Hoy en día solo quedan dos de las treinta sinagogas de Hasköy.

La sinagoga Maalem fue fundada en 1754. Recientemente restaurado tras años de abandono, este elegante edificio se alza en un patio protegido por un alto muro. Dos columnas de mármol flanquean el pórtico que da acceso a una gran sala casi cuadrada, con seis pilares. La tevá, en el centro, bajo la pequeña cúpula con decoraciones florales, tiene forma de barco, al igual que en la sinagoga Ahrida. Se encuentra frente a un arón con puertas de madera y ricas molduras doradas. Antiguamente sencilla y sobria, con sus paredes enlucidas de color claro que contrastaban con la madera oscura de los bancos, la sala alterna hoy el azul cielo y el blanco. Las obras han permitido restaurar parte de la decoración mural.

En Hasköy se encuentra hoy en día el principal centro de los caraítas de Estambul. Su kenasa (sinagoga), Béné Mikra, es un pequeño edificio de madera y piedra situado tras un gran muro de ladrillo. Según la tradición local, ya existía allí un templo caraíta en la época bizantina. El edificio actual, con su hermoso pórtico de dos columnas y su frontón triangular esculpido, fue reconstruido en el siglo XVIII tras quedar devastado por un incendio. Se accede a él bajando por una pequeña escalera. «Como todas las demás sinagogas caraítas, esta está construida por encima del nivel del suelo por respeto a la frase bíblica: “Desde las profundidades te invoco, Dios mío”, señala Ilan Karmi. En el interior, alfombras en el suelo sustituyen a los bancos de los fieles. Las casas de madera que rodean el edificio estaban antiguamente habitadas por familias caraítas.
Los caraítas
Esta secta disidente del judaísmo, que se caracteriza esencialmente por su rechazo de la ley oral representada por el Talmud, ya existía en Bizancio antes incluso de la invasión otomana, tal y como atestigua en el siglo XII el viajero Benjamín de Toledo. Este mencionaba, en particular, una comunidad de 500 caraítas en Galata, cerca del Bósforo, en el actual barrio de Karaköy. Más de ochenta comunidades caraítas vivían en el territorio del Imperio otomano, en Siria, Egipto, los Balcanes, pero sobre todo en Crimea.
Al subir la colina hacia el norte, llegará al gran cementerio judío de Hasköy, el más grande de la ciudad junto con el de Kuzguncuk, en la orilla asiática del Bósforo. Semidesierto, el cementerio está hoy atravesado por una autopista urbana. Esta pasa a los pies de la tumba de Abrahma de Camondo, un mausoleo neogótico que debía recordar a la posteridad la grandeza de este emprendedor financiero que, aunque ya vivía en París, había pedido ser enterrado en Estambul.