La presencia judía en Venosa se remonta a la época romana. Se han hallado inscripciones hebreas en el lugar, que probablemente datan del siglo III. Durante las excavaciones arqueológicas se han descubierto inscripciones funerarias en las catacumbas judías . Estos hallazgos atestiguan, por el momento, la existencia de 75 inscripciones, pero el acceso a las catacumbas ha sido complicado durante mucho tiempo.

Destaca, en particular, un fresco que adorna un arcosolio en el que se aprecia una menorá en el centro, rodeada de un etrog, un lulav, un frasco de aceite y un shofar.
Las crónicas de Ahimaaz ben Paltiel mencionan la presencia de un emisario de Jerusalén en Venosa en el siglo XI, tierra de numerosos encuentros e intercambios culturales. Allí conoció al talmudista y poeta Silano. Tras la conquista normanda de 1041, Venosa perdió su condición de centro de referencia para los estudios judíos.
En 2007, las catacumbas judías de Venosa se abrieron al público tras una importante intervención de restauración. Este acontecimiento estuvo acompañado de una ceremonia oficial con las autoridades locales y regionales, así como de una conferencia en el castillo de Pirro del Balzo. A principios de la década de 2020 se llevaron a cabo nuevas obras de restauración en las catacumbas de Venosa.