Jesi, antigua ciudad romana, es conocida por su casco antiguo medieval amurallado, así como por sus plazas, iglesias y otros edificios que dan testimonio de su historia a lo largo del tiempo.

La presencia judía se menciona en documentos de 1431. Un tal Benedetto y la familia Vivanti fueron figuras destacadas de la vida financiera de Jesi, ya que, en un principio, los judíos se limitaban a ejercer estas profesiones.
En 1459, los residentes judíos lograron obtener los mismos derechos que el resto de la población, lo que les permitió comprar tierras. Fue en esa época cuando la comunidad consiguió un terreno para enterrar a sus difuntos.
Al parecer, este antiguo cementerio se encontraba cerca de la Via Piccitu, donde en 1928 se halló la estela del rabino Moisés, que se remonta al siglo XVI. Actualmente se encuentra expuesta en el Museo Cívico de Jesi . El museo cuenta con otras dos esculturas con inscripciones. La primera, en latín, describe la situación de los judíos bajo el faraón. La segunda, en hebreo.
Las actividades profesionales de los judíos de Jesi se diversificaron en el siglo XVI, especialmente en los sectores de la seda, los metales, el vino y la medicina. La primera referencia a una sinagoga aparece en un documento de 1532 que relata una disputa que habría tenido lugar allí entre los fieles. Diez años más tarde, los judíos abandonaron gradualmente la ciudad a raíz de una bula papal. A lo largo de los siglos, solo se permitió a unos pocos judíos volver a instalarse allí.
Fuentes: «Marche Jewish Itineraries», de Maria Luisa Moscati Benigni