
El suroeste, que durante mucho tiempo fue territorio inglés, volvió a manos de Francia en el siglo XV. A partir de entonces, Luis XI, muy interesado en fomentar la prosperidad de esta región devastada por la Guerra de los Cien Años, concedió grandes privilegios a todos los extranjeros que desearan establecerse allí. Estas generosas medidas atraen a los judíos de España y Portugal, que en sus países se enfrentaban a la Inquisición y a la intolerancia religiosa.