Hoy en día hay cerca de 15 000 judíos suecos. La mayoría vive en Estocolmo. Las demás comunidades se encuentran principalmente en Malmö, Gotemburgo, Lund, Helsingborg, Borås y Uppsala.

Hay sinagogas en las tres principales ciudades del país. Hay cementerios judíos en Gotand, Kalmar, Karlskrona, Karlstad, Larbro, Norrköping y Sundsvall.
Aunque la presencia de judíos en Suecia se remonta a mucho antes, especialmente en Gotemburgo y Estocolmo, no fue hasta la década de 1770 cuando se estableció allí una comunidad. Aaron Isaacs, un grabador de origen alemán afincado en Estocolmo, fue el primer judío al que se le permitió vivir allí como tal en aquella época sin verse obligado a convertirse al cristianismo.

La isla de Marstrand, situada cerca de Gotemburgo, permitió la llegada de personas de otros países o de otras religiones. Siguiendo esta tendencia, la ciudad de Gotemburgo autorizó en 1782 el asentamiento de judíos.
Las otras ciudades que autorizaron su llegada fueron Norrköping y Karlskrona. Ese mismo año se concedió permiso para construir sinagogas en esas ciudades.
En 1840, se calcula que había unos 900 judíos en Suecia. En aquella época, el rey Carlos XIV concedió numerosos derechos civiles a los judíos. Una vez obtenido el acceso a la ciudadanía y a la igualdad de derechos, los judíos rara vez se enfrentaban al antisemitismo.

Esta situación motivó la llegada de judíos de países vecinos, más preocupados por su destino, especialmente de Rusia y Polonia. Así, la población judía de Suecia aumentó hasta alcanzar los 6500 habitantes en 1920.
En el periodo de entreguerras, se aplicaron medidas más restrictivas para limitar la inmigración judía. Desde 1933 hasta el inicio de la guerra, solo se autorizó a 3000 judíos a establecerse allí, procedentes principalmente de Alemania, Austria y, posteriormente, de Checoslovaquia, territorios conquistados por el régimen nazi.
No obstante, durante la Segunda Guerra Mundial, muchos suecos se implicaron en el rescate de judíos. En 1942, 900 judíos noruegos obtuvieron permiso para instalarse en Suecia. Y, por supuesto, las dos valientes operaciones de rescate.

En primer lugar, la relativa a los 8000 judíos daneses que encontraron refugio allí gracias al valor de la población de su país. A continuación, los valientes esfuerzos del diplomático sueco Raoul Wallenberg, que permitieron salvar a miles de judíos húngaros. No obstante, hay que mencionar que algunas empresas suecas adoptaron una actitud diferente y mantuvieron relaciones comerciales con Alemania.
La comunidad judía creció tras la guerra, sobre todo gracias a la llegada de judíos procedentes de países comunistas, principalmente de Polonia y Checoslovaquia.

No obstante, a partir de finales de la década de 1980, se extendieron los discursos y los ataques neonazis e islamistas contra los judíos. Esto animó a las instituciones políticas suecas a poner en marcha proyectos educativos para combatir los prejuicios antisemitas y racistas. En particular, gracias a la Universidad de Uppsala.
Esto no impidió el aumento de los ataques antisemitas en todo el país, que se dispararon en la década de 2010. Ya fuera el ataque con cócteles Molotov perpetrado por islamistas contra la sinagoga de Estocolmo. Un año más tarde, fue la casa de un político judío de Lund la que fue incendiada. De ahí la decisión del primer ministro Stefan Löfven de añadir más programas educativos, pero también de aumentar las penas por antisemitismo.
En 2017, durante una manifestación islamista en Helsingborg, se profirieron violentas consignas antisemitas bajo el pretexto del «antisionismo». En Umea, un centro cultural judío cerró sus puertas en 2017 tras sufrir actos de vandalismo en sus instalaciones y recibir numerosas amenazas. En Norrköping, durante las celebraciones de Pésaj en 2021, se colgaron muñecos ensangrentados en la sinagoga…